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Profesiones Perdidas en Madrid

Los adelantos tecnológicos y la revolución industrial significaron sin duda un avance y una mejora en las condiciones de vida nunca visto antes. No obstante, también implicaron la eliminación de muchos puestos de trabajo. Queremos dedicar este post a aquellas personas que con su duro trabajo hicieron la vida más fácil a millones de personas y que por desgracia su profesión desapareció y cayó en el olvido. banner

Sustanciero

Aunque parezca algo increíble, hasta no hace mucho tiempo, las calles de los barrios populares de Madrid y de todo el país eran recorridas por el famoso “sustanciero”. Este señor, con un hueso de jamón en mano, gritaba “¡Sustancia! ¿Quién quiere sustancia para el puchero?”. Cuando las amas de casa escuchaban estas mágicas palabras, desde la ventana o el balcón avisaban al sustanciero para que subiera a casa. Una vez el sustanciero llegaba al piso indicado era conducido hasta la cocina donde la ama de casa y el sustanciero llegaban a un acuerdo. Según la cantidad de monedas recibidas, el sustanciero introducía el hueso de jamón en el agua hirviendo más o menos minutos. Cuando el tiempo se había consumido el sustanciero tiraba de la cuerda y sacaba el hueso del agua. De esta manera las amas de casa conseguían dar sabor al caldo. Curiosamente los sustancieros estuvieron recorriendo nuestras calles y plazas hasta los años 40-50 del siglo XX, cuando los desastres de la Guerra Civil Española hicieron estragos en la población. Jamon Iberico Madrid

Mantequero

Las mantequerías eran pequeños establecimientos de barrio en el que se vendían productos lácteos como quesos, leche fresca, cuajada, mantequilla, etc. A pesar de que España no fue nunca un gran consumidor de manteca como Francia o Alemania, el origen de estos negocios se remonta al siglo XIX. Gradualmente los hábitos de los españoles fueron cambiando y la mantequilla ganaba adeptos por lo que el negocio de las mantequerías floreció durante la primera mitad del siglo XX. No había barrio que no contase con un par de mantequerías. Generalmente estos establecimientos eran regentados por personas del Norte de España (Asturias, Cantabria, Castilla León o Galicia) donde la producción de leche era tremendamente grande. Todavía es posible encontrar alguna mantequería en Madrid aunque han tenido que ampliar la gama de productos que ofrecen como embutidos, conservas, etc. Mantequeria

Aguadores

Siglos atrás no había agua corriente en las casas y los vecinos debían acudir a las fuentes y pozos más cercanos para llenar los cantaros y barreños de agua. Por ejemplo, para una actividad tan cotidiana como lavar la ropa, las mujeres debían caminar hasta el Rio Manzanares u otros de los muchos arroyos que recorrían Madrid. En este contexto, surgieron los aguadores que se encargaban de llevar el agua fresca a lomos de sus mulos desde las fuentes a los vecinos que tenían contratados sus servicios. Aguadores en Madrid El poco tiempo que les quedaba libre, los aguadores vendían agua por las plazas de Madrid al grito de “¡Agua fresca!”. Incluso se sofisticaron y vendían aguas de diferentes sabores y aromas como canela, limón, anís, azucarillos, etc. En el caso de Madrid los aguadores eran normalmente hombres venidos de Asturias y Galicia que destacaban por su corpulencia. Esta profesión fue una realidad en Madrid hasta el siglo XIX cuando las mejoras en las condiciones de vida permitieron a la gente disponer de agua en las casas.

Farolero

El Rey Carlos III en el siglo XVIII ordenó colocar iluminación pública en la ciudad de Madrid con la intención de hacerla una ciudad más segura. Estas farolas funcionaban gracias al aceite y al noble oficio de los faroleros. Cada día al atardecer los faroleros recorrían las calles de Madrid con una escalera encendiendo las farolas de la ciudad. Cada farolero tenía una zona y un numero de farolas asignada, de forma que cuando el sol caía toda la ciudad debía estar iluminada. En el siglo XIX las farolas dejaron de utilizar el aceite y se empezó a usar el gas.

La última farola de gas en Madrid se retiró en 1972. Sorprendentemente, todavía alguna ciudad europea como Berlín utilizan farolas de gas. Farolero Contando Estrellas

Neveros

Antiguamente las bebidas frías y el empleo de nieve eran considerados un signo de refinamiento y distinción. Hay que tener en cuenta que no existían maquinas refrigeradoras y se utilizaba nieve directamente traída de las montañas.

Los neveros eran las personas que durante la noche recogían nieve en la sierra, la cargaban en sus burros y lo llevaban hasta las ciudades. La nieve se mezclaba con paja para evitar que se derritiera con facilidad.

En las ciudades existían unos depósitos o pozos de nieve escavados en la tierra donde la nieve traída de la sierra se almacenaba mezclada nuevamente con paja. Al estar a varios metros bajo tierra, la temperatura era más baja y la nieve se conservaba mejor. Neveros Lógicamente, esta nieve no tenía unas condiciones higiénicas óptimas para ser consumida por lo que cuando la gente adinerada o los restaurantes de lujo querían enfriar bebidas llenaban un recipiente metálico con nieve y lo introducían en la bebida. De esta manera evitaban que la nieve entrara en contacto con el líquido.

En Madrid fue muy famoso el caso de Pedro Xarquíes (siglo XVII), un empresario catalán que controlaba el negocio de la nieve casi como un monopolio gracias a una concesión del Ayuntamiento de Madrid.

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Créditos: Juanpg (flickr), Contando Estrellas (flickr)

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